Otra vez

Me ha vuelto a pasar, y me cago en la puta. Otra vez soy yo el que tiene que decir basta.

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Pequeños instantes eternos e irrecuperables

Me encuentro a gusto donde estoy, cuándo estoy. Me gusta lo que está pasando y no siento la necesidad de retroceder en el tiempo, quizá solo de acelerarlo un poco, demasiadas ganas por entrar en la academia de policía.
Pero, ¿sabes qué? Hoy me he levantado de una siesta de tres horas creyendo que el presente era 2011 durante al menos tres segundos. Y cuando me he dado cuenta de cuánto había pasado, una pequeña parte de mi ha deseado que durante solo un día, a la mañana siguiente fuese al instituto sabiendo que estoy reviviendo el pasado, para poder apreciar lo que aquellos días me dieron.

Fue una experiencia como cualquier otra y no la reviviría de nuevo por nada del mundo, pero me gustaría volver a uno de esos días donde a tercera, o quizá cuarta hora (creo recordar que algún día sexta) tocaba psicología.
¿Sabes? Ni tan siquiera alargarlo, solo esa hora y nunca más, bueno, y el camino a casa andando para pensar, en aquella época ni había tocado un volante.

Creo que odiaba el instituto y cuando lo recuerde de mayor lo único que podré visualizar serán a Isabel Lorenzo diciéndome que creía en mi, a mis amigos rodeando mi mesa pegándose y a la chica con los vaqueros rotos y la sonrisa radiante golpeándome con el codo en un alarde de valentía en la clase de psicología.

¿Por qué?

Estar bien, estar contento con todos y contigo y no poder ser amable con una persona que no ves hace meses y saltar a la primera. ¿Por qué? Por incapacidad para perdonar, por costumbre.

No necesitar a nadie, tener gente en tu vida y aún así volver a hablar. ¿Por qué? Por no tener nada que perder.

Tener sexo y buscar más. ¿Por qué? Porque nunca es demasiado.

Buscar sexo en la persona equivocada. ¿Por qué? Porque tanto no he madurado.

Un misil contra la adolescencia

SCIENTIA

Hace unos días me llevé un gran disgusto. De camino al colegio de mi hija para dar una charla pasé por la puerta de un Instituto de Educación Secundaria y me llamó la atención algo que un montón de alumnos sostenían en las manos y que no había visto jamás, era una especie de “algo con forma de proyectil”.

Con más miedo que vergüenza me acerqué y les pregunté qué era ese objeto que agarraban con más ansiedad que Frodo el anillo. Su respuesta me desconcertó: “Un misil, la bebida energética de moda”. En plan policía de barrio seguí preguntado. “¿Y de dónde habéis sacado semejante mierda, perdón, misil?”. “Más respeto tronco” me espetaron con razón. “La puedes encontrar en cualquier tienda de alimentación. En el chino de aquí al lado la venden como churros”. “¿Y por qué la consumís?”. “Yo para hacer deporte”, contestó uno de ellos…

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