Rompiendo barreras

Hoy ha sido la vuelta a krav maga. Creo que ha sido la clase más bestia que hemos dado nunca, en cuanto a fatiga física y estrés se refiere. La gente se mataba por los escudos, las alianzas se volvían enemistades en segundos para después, al toque de silbato, la pareja dejase de pelearse y volviese a unirse para atravesar una barrera de gente.

Llevábamos hora y media de carreras, ejercicios de golpeo sin pausa, rodillazos, manos quemadas, decenas de flexiones, burpies, sentadillas… cuando nos toca a nosotros.
– Vamos nosotros, cuanto antes mejor- me dice Fer.
Ambos abandonamos nuestras posiciones en la barrera y nos ponemos de cara a todos, soltamos los escudos.
– ¿Estáis preparados?- nos pregunta Manu ya con el silbato en la boca, estamos sin aliento y queda la parte más dura.
– Que sepas que te voy a quitar el escudo- le digo a Fer. No sé si llega a oírme, parece estar absorto, concentrado en lo que queda por delante.
Toca el silbato. “¡Flexiones, vamos al suelo!”
Pienso en aterrizar con las manos en el suelo. Me doy cuenta de que media hora antes podría haberlo hecho, ahora es demasiado. Me dejo caer sobre mis rodillas antes de quedar en posición de fondos. Hago la primera, ya no puedo más. Pasan doce o trece flexiones y Manu se ha puesto a hablar con los de la barrera humana, no nos está viendo.
– Se ha olvidado de nosotros- me dice Fer medio riéndose medio gimoteando, preocupado de que estemos haciendo ejercicio de más.
– ¡Vamos, burpies!
Dejo de ver, de saber donde estoy, solo salto y hago flexiones, salto y hago flexiones. Durante unos segundos Fer y yo nos compenetramos al máximo, realizando el ejercicio a unísono. Cuando me doy cuenta ha quedado un poco por detrás.
– ¡Sentadillas!
Veo como los de la barrera se colocan de dos en dos, dos delante de nosotros, dos detrás de ellos, y así hasta hacer unas cinco filas de dos personas una detrás de otra, escudo en mano todos. Tenemos que atravesar las filas por en medio, separando a lso grupos de dos y salir por el otro lado, juntos. Al otro extremo, un escudo nos espera en el suelo, el que antes lo coja irá a por el otro con el escudo, y el otro tratará de contenerlo solo con su cuerpo.
Suena el silbato. Fer y yo entrelazamos nuestros brazos. Chocamos contra los dos primeros escudos con toda la fuerza que ya no nos queda. Sujetando los dos primeros escudos un tío de casi dos metros con sus 95/100 kg y otro un poco más bajo, casi igual de fuerte. Recuerdo como se hace, tengo que meter el codo y proteger mi cabeza, pero no tengo fuerzas. Empiezo a abrirme paso entre los escudos, no sé cómo Fer y yo ya nos estamos agarrados y ha quedado detrás de mi. Tiro con todas mis fuerzas, me abro paso como puedo, llego al final. Por el rabillo del ojo veo que Fer ya no está de mi lado, sale por detrás de mi directo al escudo. Los escasos centímetros que me separan del escudo los cubro saltando, me tiro al suelo y lo agarro con todas mis fuerzas. Que gilipollas, ahora tendré que hacer el esfuerzo yendo a por él.
Levantarme con el escudo me cuesta la vida, pero Manu me está gritando y no me queda otra. Me levanto y placo contra él. Yo no tengo fuerzas para moverle, él no tiene fuerzas para resistirme. Toca el silbato y volvemos a ser amigos. Suelto el escudo y me agarro a el. Volvemos a cargar contra la barrera de escudos. De nuevo, nos soltamos y quedo por delante. Me cuesta más que antes, casi no puedo andar, menos apartar gente. Llegamos al otro lado y cada uno se pone de rodillas sobre uno de los dos escudos que hay esperándonos en el suelo. Golpea sin parar, golpea sin parar. Uno, dos, uno, dos, uno, dos.
Nos escuecen las manos en carne viva, no tenemos energía y comenzamos a hiperventilar. Seguimos pegando.
– ¡Vamos, vamos!
Y entonces, me quedo sin un ápice de fuerza, no puedo mover los brazos. Paro un segundo, no sé que hace Fer pero he dejado de escuchar sus golpes, creo que ha parado también.
– ¡Ahora, ahora que no tenéis fuerza es cuando tenéis que pegar más fuerte! ¡Sacad lo que lleváis dentro!
Esa última frase si la escucho, y me activa. Comienzo a escuchar golpes, no he sido el único.
No tengo fuerzas, no tengo energía, acabé acariciando el escudo como si estuviese quitandole el polvo. Y tras esas palabras, comienzo a pegar como nunca en mi vida. Hundo los nudillos en cada golpe, rápido y contundente. Mi respiración se dispara, cojo y hecho el aire tan rápido que no lo aprovecho. Noto la adrenalina, noto como puedo arrasar con cualquier cosa que se me ponga por delante, cualquier cosa que…. suena el silbato. Me quedo sin fuerzas y me dejo caer de espaldas en el suelo.

Cada día, un poco más lejos.

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