Un día diferente. Parte 1

El sol bañaba cada pedrusco de la plaza. Podía ver el interior de la tienda desde el coche.

-Voy a cortarte en pedacitos muy finos y voy a enviárselos de vuelta a tu madre.

-Es navidad, Dani. ¿No podías haberle dicho algo más amable?- pregunté a mi copiloto gesticulando con una mano y apoyando la otra sobre el volante.

– ¿Amable? Ese notario calvo se llevó a mi mujer y ahora quiere llevarse a mi hija. ¿Quieres que le envíe la dinamita en una cesta de navidad?- me preguntó irónicamente Daniel, intentando mantener el tono de voz  y acelerando el ritmo de sus palabras sin control.

-Ex-mujer, y no es él quien pelea por la custodia de Raquel, es Ana.

Dani hizo un gesto de desaprobación y se pasó la mano por su cabellera rubia.

– Qué calor coño- dijo aflojándose el nudo de la corbata.

– ¿Qué haces otra vez con corbata? ¿Ibas a traerte el uniforme entero?

– Sería más adecuado si llevase esos pantalones militares y esas camisas de leñador todos los días- soltó con sarcasmo.

– Son pantalones tácticos- dije subrayando con la voz la palabra tácticos- y lo importante es estar cómodo y poder moverte, no ir hecho un pincel.

– Solo guardo las apariencias.

– Las apariencia- le dije levantando una ceja.

– Si, las apariencias.- me repitió.

-Yo también llevo vaqueros. Pero da la casualidad de que nuestro trabajo no es posar delante de unas cámaras.

Las discusiones de matrimonio nos atrapaban en el coche gran parte del tiempo.

-¿Qué te dijo al final tu novia?- me preguntó.

– Mi amiga- suspiré.

Asintió despacio con la cabeza simulando la calma que jamás había conocido.

– ¿Qué pasó al final con tu amiga a la que besas, haces el amor, te llevas de excursión y con la que duermes?

– No se lo dije.

-¿No sé lo dijiste? Claro que no, no se lo dijiste.- dijo mirando al frente.

– Se asusta con facilidad y ella aún no ha dicho nada, no sé si querrá dejar su casa de un día para otro.

– Acabarás con ocho gatos y una foto vieja de una botella de whisky.

– ¡Ni siquiera sé si estamos saliendo!

– Tío, que cosa más rara.

Sonreí dejando caer las manos sobre mis rodillas y rescostando sobre el cabezal del asiento.

– ¿Por qué no buscas alguien más sencillo y te casas?
Lancé a Dani una mirada furtiva. Mientras me hablaba, pude ver como salía por la puerta de la tienda y nos miraba a través del cristal del coche.

– ¡Nos ha visto! – le grité a Daniel.

Bajamos del coche a toda velocidad y comenzamos a correr detrás de él. En nuestro trabajo no teníamos uniforme, pero éste ya conocía nuestras caras. Habíamos sido lentos.

Lo siguiente no lo esperó ninguno de nosotros. Dani iba corriendo detrás de mi, estabamos persiguiendo por una calle bastante despejada a nuestro corredor. Escuché un golpe detrás y sin dejar de correr giré la cabeza. Alguien había placado a Daniel y ahora estaba en el suelo sobre él. Me detuve, viendo como nuestro objetivo se daba a la fuga y me volví de cuerpo entero.

Ahora de pie, el hombre sostenía a mi compañero de escudo humano con una navaja sobre su garganta. Desenfundé mi arma y apunté al simbionte. Me acercaba despacio.

– ¡Eh, suéltalo! ¡Te hemos cerrado!- mentí con la esperanza de que asustado, se diese la vuelta. Debí hacerlo yo.

Un hierro congelado me golpeó con fuerza la pierna. El arma salió disparada de mis manos y un fuerte golpe en la cabeza me tumbó bocabajo sobre el asfalto. “Debí haberle pedido que viniese a vivir conmigo”, admití.

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