Sexo con el diablo

El embriagador aroma de perfume femenino nublaba cada sentido del que disponía. La noche estaba punteada con miles de astros que brillaban a lo lejos. El azul negruzco, el negro azulado. El cielo avisaba de la muerte del rey sol, de la sangrienta puesta en la que la luz nos era arrebatada a los humanos como un tesoro demasiado divino para nosotros.

El vestido negro que portaba la doncella de la oscuridad dejaba sin aire al alma de la misma bondad. Sus labios anunciaban la muerte venidera en un angustioso epitafio de sexo y dolor.

La muerte verdadera. Era el tocar del cuerpo contra el suelo en su escuela particular. Todos los invitados curiosos, acercándose como presenciando algo realmente singular. Empapados en sus propias miserias, en sus rutinas sin sabor.

Todos contemplaban como me poseía entre rosas negras y espinas de locura.

Voces, murmullos. Comentaban la jugada como un partido de morboso fútbol. Las series mundiales del infierno y lo absurdo. La muerte del protagonista por inútil y profundo.

El sexo de la muerte con un pétalo moribundo. La sangre en su mirada anunciando un nuevo mundo.

Se cavó su tumba entre los senos del mal.

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