Cabin Fever

Estaba dentro, para variar. La cabaña vieja y desamueblada me protegía de los peligros del bosque nocturno como fortaleza personal.

Ofrecí mi ayuda y entonces los lobos se fijaron en mí. Tuve que mantenerme al margen pero no podía dejar que los lobos se la comieran. Al final lo habían hecho de todas formas, ya estaba solo con mi sudadera negra y mi cazadora con coderas de cuero. Solo había conseguido que los lobos rodeasen la cabaña, pronto encontrarían la forma de entrar.

Los segundos se convertían horas. Las lágrimas corrían mejillas abajo intentando huir de allí sin mí. Todo mi cuerpo quería dejarme tirado. No podía respirar, me estaba provocando a mi mismo todo aquello. ”¿Quién va a ayudarme a mi ahora? ¿Por qué no hay nunca nadie para mí?” pensé.

Las turbulencias de la puerta noticiaban la rabia creciente de la manada que rodeaba mi silo. Estaba en un agujero negro rodeado de bestias salvajes. ¿Por qué no dejarles acabar? ¿Para qué seguir allí? Ahora estaba solo. Medité. Nunca había dejado de estar solo.

Nosotros hacemos nuestro propio destino. Yo había sido el peor creador que la vida había regalado al mundo.

Conté hasta cinco.

Abrí la puerta de una patada, lastimando al lobo que estaba detrás de ella.

Me quedé de pie, fuera de la cabaña. Estaba temblando, no de miedo, de dolor. Los lobos parecieron quedarse congelados. Me miraban. Caí sobre mis rodillas y mirando al cielo lancé un grito desgarrador que acabó con mi garganta. Resonó en todo el bosque. Cada pequeña parte del lugar sentía mi duelo. Los lobos se sentaron, rodeándome. Tranquilos.

Con las manos apoyadas en el suelo lloraba sin detenerme. Era un adiós a la esperanza, un adiós a la fuerza y a la magia.

Algo se posó sobre mi hombro. Un lobo había colocado su pata sobre mí. Sorprendido le miré a los ojos.

– Todo el mundo desaparece en algún momento chico. Es por lo que estamos aquí, para vivir y aprender. Es duro y complicado, es difícil y arriesgado. Pero vives y te recuperas de los recuerdos. Duele pero se supera. No ha acabado, todo sigue. Eres un hombre en el que la esperanza siempre se esconde pero nunca desaparece del todo. Puedes arrancar, lo harás, debes hacerlo sin temer avanzar. Porque esto es lo que tenemos que hacer. Lo siento mucho, siento mucho tu pérdida pero tu vida no acaba aquí. Siento mucho tu perdida.

La voz resonaba en mi cabeza, era una voz que no reconocía. Entonces me di cuenta, de los ojos del lobo caían lágrimas. Estaba llorando. Arrimó su cara a la mía y unió sus lágrimas a las que yo ya tenía.

Miré al cielo.

– No me dejes, no me dejes…- lloré.

Me levanté sobre mis piernas y caminé entre los lobos que, sentados, contemplaban la escena que parecían entender mejor que yo.

Avancé dejándolos atrás e internándome en el bosque desaparecí.

Tal vez mi vida fue a mejor desde aquel momento. Tal vez morí un par de días después.

———————————————-

Me pongo las zapatillas y salgo a las 13:36 rumbo a mi bosque.

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