La gabardina y los sentimientos de cuero.

Esta es la historia de alguien con gabardina.

Camina por las calles cuando el sol sueña con sus andares. Rie bajo las farolas su vida y sus historias. La locura acompaña al acorde desde la montaña.

Son las baldosas blancas como los pétalos de rosa. La iluminación nocturna como una muy escabrosa. Se posa, descansa, alegra la vista con el banco vacío. Nadie acudió a su servicio.

A veces le invade a este personaje la sensación de no ser entendido por nadie. Piensa que está solo cuando no hay quién lo abrace.

Siente como la felicidad se las ingenia para escapar a si alcance, siempre. Nunca es capaz de tenerlo todo y sentir la nada. Sabe que todo pasa, saber que el final de las cosas es tan real como su casa.

Camina porque lo leyó en alguna parte. Sale esta persona sola a pasear intentando encontrar respuestas en algún lugar. No puede evitar recordar constantemente el lugar fuente de aquella idea tan estúpida como suya.

Siente que nadie la entiende. La persona presiente que se irá sola mientras nadie la atiende. Llora mientras camina buscando quién la consuele. No hay nadie en la calle y puede que todo la lleve a sufrir las consecuencias de un sueño que nunca terminó de cumplirse, de la culpa que dice que el valor se fue y no trató de perseguirle. Que no hay quién entienda sus ideas porque ni esta persona puede expresarlas con palabras. Se siente desprotegida porque con nadie puede desahogarse. Nadie la entendería. ¿Cómo expresarse sin palabras y pretender que te entiendan?
Siente miedo por todas partes. Siente que la gente no sabe que existe ni en ésta ni en otra parte. Grita y grita pero siente lo que siente, que nadie la hace caso.

Se derrumba constantemente, la desilusión y la desesperanza roban su aliento.

El personaje, la persona, de la gabardina busca asiento. Espera a que pase el tormento. La cabeza le duele tanto que no entiende que significa la palabra entender.

No hay nada que hacer.

Nadie la escucha, y la persona se ofusca. Esta cansada de estar rodeada de gente y más solitaria que en un desierto. La desilusión y la desesperanza llaman a su puerta.

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Una hoja caduca cae sobre su cabeza. La coge con la mano y piensa. Tal vez….

Se dice: Buscaré una sonrisa en un atardecer, aunque sea de noche y no sepa que hacer.

Abrió la cremallera que la mantenía alejada del mundo y la persona pudo entender que algún otro la entendía entre todo el tumulto.

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Vi una pequeña figura con gabardina hasta los tobillos. Como una detective bajita con aire y fuertes nudillos. Corrí a avisarle: dicen que no te entiendes pero creo que puedo hacer que me enseñes los dientes.

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Sonrió. Las lágrimas corrian por el rostro de la abandonada calle abajo que moría sin parar ni tomando un solo atajo. Alguien a su lado le prometía que la soledad no existía.

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La soledad es solo la ausencia puntual de compañía, dije depositando mi aire en sus pulmones.

 

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El camino que tomó era el mismo. No lo parecía. Descubrió que tal vez lo único que debía hacer era no entender lo que quería, sino sentir como podía.

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