Oh, shut up

El miedo casi era palpable. El terror era tan loco, tan real…

Bajo una lluvia de vehículos constante mi figura avanzaba, corriendo, saltando, esquivando, muriendo en múltiples realidades alternativas cada vez que yo me salvaba.

Esa risa, esa locura viniendo de un solo hombre. No era posible recomponerlo, no era posible deshacer su corrupción, nacía de la misma. Su estado natural era la psicosis.

Estar cuerdo era toda una locura para él.

La lucha constante entre la luz y la oscuridad. Tan milenaria como eterna.

Mi naturaleza humana y finita podía comprender que ayudase a quién ayudase el rumbo de la encrucijada no se vería afectado. No a menos que tomase parte como representante de una de ellas, permitiéndolas fluir a través de mi inspiración.

La oscuridad peleaba constantemente por corregir mis escritos, era una editora severa, quería apoderarse sin miramientos de la realidad que yo le proporcionaba.

Desconocía su fuente, pero la poca cordura que me mantenía lúcido era la luz al final del túnel.

El acero se sintió frío y cortante al contacto con mi piel. Una risa de fondo cavó mi tumba y me dio el pésame.

Si no hay luz no es un túnel, es un agujero.

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