Historia completamente ficticia

Puñetazos por la izquierda, patadas por la derecha. El chaval estaba noqueado. Las nubes bajas y el corazón congelado.

–Un momento, esta lloviendo. Mierda. Siento la necesidad, la obligación de estar en la calle si llueve. Bueno, prosigo con la historia.–

El chico de mierda hasta el cuello, amoratado, riendo y escupiendo dientes como un condenado.

Ricitos de oro le había defraudado y su ”compañera” utilizado. Así sentía las cosas el chaval del ojo morado. El del labio rajado.

Se fue. Salió a por tabaco y no volvió. En su camino, todo parecía normal. Ya sabéis, las típicas señales del universo que le suceden todos los días, nombres y tonterías.

— Pipa tras pipa en el cenicero frente a la pantalla y la felicidad de la lluvia embarga mi menta atosigada. ¡Un relámpago, un trueno! ¿¡Pero por qué no he estado diez minutos más!? Con la que está cayendo….. que bonito. La cortina de agua me hace recordar y el repiqueteo de las gotas sobre el alfeizar de mi ventana abierta rememorar la sensación de mojado que el chico vivió hará una hora o un par—-

Se sentó en un banco, frente a la peor calaña con la que pudo dar. Esperaba que con un poco de suerte aquellos truanes le quisieran pegar. Cuando estuvo solo, cansado de esperar, se decidió a buscar fango y charcos que pisar.

Estaba el chico recordando la rabia que le había empujado a avanzar y los fallos que le habían hecho ponerse a buscar, cuando el camino perfecto se abrió ante sus pies.

-Tengo unas fotazas del camino, más artísticas…-

Como en las películas, un camino sin posible desvío, solo adelante o atrás.

Con un cigarro en la mano y una estupenda canción sonando empezó a caminar, esquivando charcos y barro de mala calidad. De pronto algo le paró. Margaritas en una pared, un charco en mitad del camino. Arrancó la margarita y la olió entre la nicotina. Olía tan bien.

Entonces un instinto. Dejo caer la margarita al centro del gran charco y ésta se depositó en el centro, nadando. Lanzó el final del cigarro junto a la margarita, haciendo oposición de la belleza y la fealdad infinita.

Entonces, pequeñas ondas comenzaron a separar la margarita del cigarro. La lluvia paró tres veces cuando él detenía la canción para fotografiar la escena.

Cuando acabó y la músico prosiguió, la lluvia comenzó a caer torrencialmente. Una lluvia de las buenas, no cuatro gotas. Y además le había pillado en aquel magnifico lugar. Se lo pasaba como un niño con la lluvia y se puso a saltar, a entretenerse como un verdadero Indiana Jones. El pelo mojado y su flequillo empapado sobre la frente.

A medida que se fue alejando, tras haber estado siglos con los brazos abiertos riendo y mirando al cielo como si hubiera presenciado un milagro, la lluvia dejó de caer. Las ideas estaban claras otra vez.

— Tras conocer esta historia aquí estoy, después de la mini tormenta y la pausa de la lluvia, deseando bajar otra vez. Yo todavía no bajé claro, esta historia es ficticia como mi perro. Con un Nestea, unas pipas y la cancioncita con la que os deleitaré me despido sabiendo que el chico ya tuvo claro lo que quería y lo que debía hacer.—

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