Charco

No se ve nada. Las sábanas están suaves y el olor de la almohada me lo relata: alguien ha estado allí.

Es gracioso buscar a Wally años después entre las vivencias más normales y los momentos más especiales. Siempre rondan por allí.

Lo conté y la cagué. Confié demasiado y fui traicionado. Mi historia será olvidada si todo sale bien. Si sale mal… bueno, entonces dará igual, nadie la creerá.

Me han dado la razón. Quizá un empujón a la perdición.

Nunca está de más un aviso, un pequeño suspiro de supervivencia. No más de dos pitidos, simplemente que pueda percibirlo.

Rojo o morado. Viendo todo como un fracasado. El color de la tristeza y la alegría dando vueltas sobre toda la porquería.

Soy el niño pequeño sentado en el charco, derrumbado y sin saber como podré levantar. Soy el pequeño que cansado de jugar mira a aquella alta mujer con una niña de la mano. Soy el que sonrie cuando aquella pequeña ricitos de oro me saluda con la mano. Entonces me levanto del charco y camino detrás.

Me veo desde la ventana.

Solo necesitaba un trocito de cielo azul tras el gris. Un poco de marino opaco en tus iris.

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