Cosas amarillas y voladoras

Sentado, pensando. Creyendo en lo imposible y sabiendo lo real algo me roza la cara.

Una pequeña cosa amarilla está a mis pies. Se ha colado por la ventana, es una de estas cosas que ahora están todo el rato por el cielo y que se les caen a los árboles. Son como semillas.

La agarro y la sostengo en la palma de mi mano, que saco por la ventana. No creo en tonterías, o eso pienso. Pero tiendo a, insconscientemente y por si acaso, hacer caso a ese tipo de señales sin sentido.

Pienso que si la guardo en mi hucha tendré lo que quiero en el futuro, que mi vida será como la imagino. Por algún motivo inconsciente, la suelto, y se la lleva el viento. Las cosas no me saldrán bien.

Al cabo de un par de horas, lavándome las manos en el baño, descubro otra de esas cosas entrando por la ventana del cuarto y posándose sobre el borde de la bañera, cayendo después al suelo. No iba a tentar a la suerte una segunda vez. Me estaba dando la oportunidad de que las cosas sean como yo quiero.

La cogí y la guardé en mi hucha esta tarde.

Ahora, de noche, en un arrebato decenas de esas cosas han aparecido de la oscuridad más absoluta y opaca y han chocado contra el cristal de mi ventana para después, con un leve giro de ballet, perderse en la negrura del futuro.

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