Something to believe in

Cierro los ojos y allí están ellos, observando. Mirando todos mis movimientos. Esperando el momento oportuno para revelar la verdad de todo.

Y me susurran cosas que no entiendo. Gritos que no localizo.

Me preguntan:

-¿Cree usted a la voz?

– Quiero creer.

Gastando todo mi tiempo en investigar y descubrir. La verdad está ahí fuera.

Entonces alguien abre la puerta. Está dispuesta a ayudarme aunque me mira como si yo fuese un experimento, como si fuese una mascota de circo. Soy el raro. Pero no me importa lo que los demás pìensen.

La verdad está ahí fuera y quiero creer.

Con el tiempo, descubrí que un compañero como ella era lo que necesitaba para no perder el norte. El problema surgió cuando se hizo demasiado indispensable. Tan arraigada a la ciencia y tan cerrada de mente, tan brillante y valiente.

Y era inútil que mirase el mundo como yo lo veía, porque yo tampoco creía. Me esforzaba por hacerlo de forma sobrehumana.

Tengo que encontrar una razón para continuar, algo en lo que creer.

Hablas mucho, le dije. Era divertido, se enfadaba conmigo cuando le explicaba mis locas teorías sobre aquellas cosas que no podía creer.

Hasta que estuvo a punto de morir en mis brazos y yo en los suyos. En ese preciso momento lo supe:

Estaría siempre a su lado, cubriéndole las espaldas. Mi deber era protegerla por encima de todos y jamás, pasase lo que pasase, la soltaría la mano.

En ese momento se lo dije:

– Creo en ti.

 

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